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A la sazón de la entrega del premio Nobel de Literatura, me preguntaba, como editor, qué hubiese hecho en caso de que una novela como El sonido y la furia de William Faulkner, quien obtuvo este galardón en 1949, llegase a mis manos. Lo cierto es que este tipo de pensamientos vienen también porque, estos días, andamos respondiendo a las primeras propuestas de valoración que recibimos en cuanto se hizo pública la editorial y aunque no es en absoluto agradable, en la mayoría de los casos hay que ser tajantes y rechazar aquellos proyectos que no nos interesan. Estábamos preparados para ello, sin embargo, a la hora de la verdad, es más costoso de lo que uno pueda imaginar. También queda, alguna que otra vez, el regusto ese de pensar si tal vez no estemos rechazando una genialidad que no somos capaces siquiera de intuir. Supongo que es el riesgo propio de un editor y que en más de una ocasión nos tendremos que arrepentir de nuestro criterio.

Pienso, con sinceridad, que yo hubiese rechazado una novela como la del maestro
norteamericano. No lo digo con alegría, ni vanagloriándome de ello; en absoluto. Rechazarla sería un error y una falta de perspectiva. Quizá pienso que, al igual que personas irascibles y antisociales acaban encontrando una pareja con la que son felices, o de la misma manera que un futbolista rinde en un equipo a las mil maravillas y en otro fracasa, tal vez cada libro necesite de una editorial (y un editor) apropiado.

Igual que digo eso sobre la genialidad de un Nobel, pienso exactamente lo mismo de Las cincuenta sombras de Grey y, de la misma manera que un buen montón de editores la rechazaron en su momento, yo hubiese hecho lo mismo. Y también aquí me hubiese equivocado: el éxito de esa novela garantizaría que mi editorial, a partir de ese momento, podría publicar lo que quisiese sin temor a que la soga de la maldita economía acabase estrangulándonos.

Esto nos lleva a otra pregunta: ¿hay que publicar determinados libros para asegurar la viabilidad económica de una editorial y que así otros libros puedan ver la luz? La pregunta es más compleja de lo que parece y es casi la primera que nos vino a la mente cuando nos embarcamos en este proyecto. Muchos nos sugirieron crear dos colecciones: una para ganar dinero, otra para obtener prestigio. Al final hemos optado como norma general, no distinguir las publicaciones que hagamos en dos categorías; los autores, y los lectores no son tontos y acabarían dándose cuenta de la separación.

La Pajarita Roja Editores tiene como política de lanzamiento dejar al margen, dentro de todo lo posible, la economía y centrarnos en obtener prestigio. ¿Funcionará? Ojalá lo supiéramos, pero al menos vamos a intentarlo.